Cuidemos el agua
Potenciales contaminantes del agua
El efecto de un constituyente del agua sobre el uso que se desea hacer de ella depende de su concentración. Si la sustancia está muy diluida, posiblemente no presentará problemas en el uso del agua para cierto propósito; pero al aumentar la concentración, la calidad puede verse impactada
negativamente para algunos usos benéficos e incluso transformarse en inservible para cualquier uso deseable.
A menudo, una sustancia no contamina el agua directamente por su sola presencia, en la medida que su concentración sea inferior a la que provoca problemas de calidad. Algunos autores opinan que loconveniente es considerar cada constituyente del agua como “sospechoso” hasta que se pueda conocer si su concentración se halla por encima o por debajo de un nivel que cause un problema importante de calidad que limite algún uso benéfico. Es entonces preferible referirse a esos constituyentes como “contaminantes potenciales”, es decir, que tienen el potencial para causar problemas de calidad de agua pero que no necesariamente lo hacen siempre.
Los potenciales contaminantes se dividen en ocho categorías:
Agentes infecciosos y tóxicos:
Los primeros agentes se identificaron hace un siglo atrás, eran bacterias capaces de causar “enfermedades hídricas”, como fiebre tifoidea, cólera, fiebre paratifoidea y disentería, responsables de epidemias masivas. A pesar del avance del conocimiento sobre su control, algunas permanecen siendo endémicas en muchos
países menos desarrollados.
Suelen dividirse en dos categorías a las enfermedades hídricas: como vehículo
directo de transmisión (por ejemplo, cólera, fiebre tifoidea, disentería y demás) y como vehículo
indirecto o hábitat de vectores (por ejemplo, la malaria, la fiebre amarilla, el dengue y otras).
Los países desarrollados se preocupan por los problemas causados sobre la salud por sustancias tóxicas, como el arsénico, el plomo, el mercurio, y una gran variedad de sustancias químicas orgánicas, que causan tanto efectos de corto término como crónicos, por su acumulación en largos períodos, y también la influencia genética en futuras generaciones.
Sustancias que demandan oxígeno: Muchos microorganismos que habitan los cursos de agua usan sustancias químicas como fuente de energía y como compuestos para su crecimiento.
Durante los procesos metabólicos de esas transformaciones se produce la ruptura de sustancias orgánicas para formar compuestos más simples, para lo cual se utiliza oxígeno disuelto en el agua, el cual puede disminuir en el cauce.
Los lagos o ríos soportan un déficit de oxígeno sin mayores problemas, para los organismos que dependan de él para susupervivencia. El problema se agudiza cuando el oxígeno disuelto en el agua se usa muy rápidamente, disminuyendo su concentración, por ejemplo: si se ubica por debajo de los 3 a 5 mg/l, impacta adversamente en el metabolismo de los peces.
Si ingresan en un curso de agua grandes cantidades de materiales que consumen oxígeno, puede llevar a su
eliminación casi total, provocando la muerte de los peces. Esa ausencia permite que prosperen microorganismos que producen subproductos que provocan olores desagradables en el agua y alrededores.
Sustancias químicas orgánicas persistentes: son las que no se descomponen fácilmente por acción biológica,
persistiendo durante mucho tiempo, acumulándose indefinidamente, hasta alcanzar concentraciones
problemáticas en el agua o en los organismos acuáticos.
El incremento de sustancias orgánicas sintéticas, producidas sobre todo en los países industrializados, ha provocado alarma entre los ambientalistas. En esta categoría se incluyen pesticidas resistentes al ataque bioquímico, que por su persistencia pueden causar efectos agudos o crónicos sobre la salud debido a que son fuertemente absorbidos por el material de la célula. Si se acumulan en microorganismos en concentraciones varias veces mayores que en el agua, al ser éstos consumidos por otros que se encuentran en niveles superiores en la cadena alimentaria, se manifiesta la repetición de este proceso que incrementa las concentraciones en cada paso y, finalmente, pueden resultar en acumulaciones de cientos o aun miles de veces mayores que en el agua. Un ejemplo típico es el DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), que
contribuyó en la reducción de la malaria y de otras enfermedades relacionadas al mosquito en países poco
desarrollados, y en el control de pestes que podían destruir cultivos, pero presentó problemas toxicológicos importantes por su acumulación en los tejidos de los peces.
Nutrientes de los organismos vegetales: El crecimiento biológico de las plantas requiere de condiciones ambientales favorables, incluyendo las sustancias requeridas para fabricar nuevas células.
Los elementos necesarios incluyen el carbono, el oxígeno, el hidrógeno, el nitrógeno, el fósforo, el azufre y otros que deben estar presentes en cantidades mínimas. El crecimiento puede continuar solamente, en la medida en que todos aquellos constituyentes esenciales, estén disponibles para los organismos. Si uno de ellos desaparece del sistema biológico, el crecimiento cesa y puede retomar sólo cuando la provisión de aquél sea suplementada. En esta situación, la sustancia que restringe el crecimiento es llamada “nutriente limitante”.
Por ejemplo, el progreso de muchas especies de algas se ve limitado por bajas concentraciones de fósforo en el agua, cuando se lo adiciona al cuerpo de agua (por ejemplo, a través de descargas de aguas residuales), esa restricción desaparece, permitiendo el progreso de las algas.
Sustancias causantes de problemas específicos: Esta categoría de contaminantes potenciales incluye una gran variedad de sustancias orgánicas e inorgánicas, que pueden tener efectos indeseables sobre los usos del agua.
Algunos causan problemas de tipo estético, con relación a la provisión de agua para consumo humano, por ejemplo, el fenol reacciona con el cloro usado en la desinfección del agua y produce clorofenoles, que causan olores y sabores desagradables. En otros casos, hay sustancias que se acumulan en la carne de los peces y producen olores y sabores desagradables, que impiden su comercialización.
El arsénico, usualmente presente en el agua subterránea, en ciertas concentraciones puede resultar tóxico para el ser humano y para la vida acuática. Los nitratos pueden ser tóxicos para los bebés.
Materia suspendida: Puede causar efectos indeseables sobre la calidad del agua; los limos finos o ciertos precipitados químicos aumentan la turbidez, haciendo al agua menos atractiva para ciertos usos e interfieren en la penetración de la luz solar provocando un impacto sobre los organismos acuáticos que dependen de ésta para su supervivencia. Esto puede tener una profunda influencia sobre el balance ecológico de un curso de agua.
Si la materia suspendida es más ligera que el agua, puede flotar y formar espumas de aspecto desagradable, o interferir con el pasaje de luz y oxígeno a través de su superficie, y si la materia suspendida es más pesada precipita en el fondo originando depósitos llamados “bancos”, que pueden obstruir canales de navegación (caso de los ríos Paraná y de la Plata), de allí la necesidad de dragarlos. Cuando baja el nivel del agua, la materia orgánica presente en los bancos se descompone por acción atmosférica, generando olores desagradables.
Sustancias radiactivas: Este problema causa gran preocupación cuando la presencia de material radiactivo en agua destinada al consumo humano, presenta valores próximos o superiores a los límites especificados por la normativa para este caso, pero es raro que ello ocurra por los
controles que se realizan en la disposición final de los residuos radiactivos.
La mayor preocupación se centra en la acumulación de sustancias radioactivas en las cadenas alimentarias. Esto puede causar niveles de radiactividad problemáticos para la vida acuática aunque, su nivel en el agua pueda ser lo suficientemente bajo como para ser aceptable para otros usos.
Calor: Las mayores descargas de calor provienen del enfriamiento en grandes industrias, especialmente las plantas de generación de energía eléctrica. En muchos casos, ese calor es descargado en las aguas receptoras.
El aumento de temperatura en las aguas receptoras limita su uso en los sistemas de enfriamiento. En las plantas de potabilización dificulta los procesos de eliminación de sabores y olores desagradables.
El agua en La Pampa
En nuestra provincia el agua para consumo es un bien escaso. Entre los problemas de contaminación se destacan los asociados a la presencia en el agua subterránea de elementos químicos, como arsénico y flúor, que en concentraciones elevadas son nocivos para la salud. Esta problemática tiene causas naturales y es frecuente en los suelos de una amplia superficie de nuestro país. Las causas asociadas a la presencia humana, son menos significativas y puntuales, ya que afectan espacios reducidos, por ejemplo, en algunos cuerpos de agua (lagunas) próximos a ciudades se observa la eutrofización y la contaminación con agroquímicos.
Nuestro principal recurso hídrico superficial es el río Colorado, en la década de los noventa fue afectado por frecuentes contaminaciones con hidrocarburos, a partir de una enérgica política del Estado provincial, que dotó de las herramientas técnicas y legales a los organismos de control (Subsecretaría de Ecología, Subsecretaría de Minería y Combustibles, etc.)
El caso del río Atuel
El río Atuel es compartido por las provincias de Mendoza y La Pampa. En lengua mapudungún “Atuel” significa "lamento". Atraviesa distintos ambientes geográficos, nace en la cordillera de los Andes a 3.500 msnm y es alimentado por una serie de lenguas de glaciares, que conforman un frente de 60 km de
longitud, como el "Glaciar de las Lágrimas", siendo la cumbre más alta del cordón principal, el Sosneado de 5.160 msnm; en su tramo final forma grandes humedales.
En la década del 40, Mendoza comienza a poner en funcionamiento la represa del Complejo Hidroeléctrico “Los Nihuiles”, que produjo una modificación total del régimen del río Atuel. Esto perjudicó a las provincias de aguas abajo, que sufrieron la interrupción de las escorrentías, con lo que se inició un proceso de degradación ambiental que convirtió áreas de una diversidad biológica enorme - algunas especies que ya no están son el carpincho, el yaguareté y el aguara guazú- en zonas invadidas por medanales y fachinal, tornándose los antiguos bañados en salitrales.
Es decir, que en pocos menos de medio siglo se "construyó" un desierto sobre lo que antes fuera una región riquísima en productos ecológicos y con una economía promisoria.
En el año 1973 y luego de muchos reclamos, la Nación a través de Agua y Energía reconoce que La Pampa tiene derecho a cobrar regalías por la hidroelectricidad generada por
la utilización del agua del Río Atuel.
Nuestra provincia continuó reclamando que se cumpliera con disposiciones de organismos nacionales que establecían las sueltas anuales. Pero Mendoza al incrementar la cantidad de hectáreas habilitadas bajo riego, no cumplió con esta obligación, sometiéndonos a prolongadas secas y sorpresivas inundaciones provocadas en épocas de grandes nevadas en la cordillera porque los deshielos traían agua en abundancia, que sobrepasaba las necesidades normales.
Es por eso, que un gobierno pampeano decide recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ésta se expidió en el año 1987, diez años después de entablada la demanda y en su fallo dejó establecido que el Atuel es un río interprovincial y no provincial. Pero no tomó en cuenta el daño ambiental producido hasta la fecha por el corte del río, ni el que producirá a las generaciones futuras.
Este fallo no fue operativo, ya que estableció que las provincias debían ponerse de acuerdo para los usos que excedieran la necesidad de agua para las hectáreas que ya estaban bajo riego en Mendoza, que no fue cumplido por la vecina provincia.
La presidenta de la Nación se reunió con los gobernadores de La Pampa y Mendoza para firmar un acuerdo, que debía ser aprobado por ambas Legislaturas, con la finalidad de realizar obras de arte en el territorio mendocino destinadas a recuperar caudales evitando las filtraciones y las pérdidas de agua. Esos
nuevos caudales se repartirían por partes iguales entre Mendoza y La Pampa. La Cámara de Diputados de La Pampa lo aprobó en diciembre del año 2010. El problema es que en Mendoza ese convenio no logra consenso para ser aceptado por su legislatura y nada indica que se alcance en un plazo prudencial.